Lean running. 5s en 10 kms.

Recojo mi escritorio, son las 13h del mediodía. Me siento un poco cansado y frustrado, me doy cuenta que esta tarde no voy a tener tiempo de hacer todo lo que tenía planificado.

Camino por el pasillo hasta la puerta de la oficina. Me digo “hoy no, estoy cansado. Voy a comer algo y me relajo un rato”. Alcanzo la puerta de la oficina y me doy cuenta de que, después de una semana de lluvias, brilla el sol. Me digo “qué cojones, cuando más pereza te da es cuando más lo necesitas”.

Al cabo de quince minutos me estoy abrochando las zapatillas. Pienso “con lo bajo de baterías que estás mejor será un trote suave”. Inconscientemente elijo una de las vueltas de siempre. Serán 50 minutos de terreno ondulado entre campos y granjas.

Salgo de la puerta de casa, activo el reloj y me pongo en marcha. Jadeo intensamente y noto como aumenta mi ritmo cardíaco. Los primeros diez minutos son siempre los peores. Percibo como estoy reclamando esfuerzo a unos músculos fríos, y también noto las horas de bici de ayer.

Sin embargo, casi sin darme cuenta, al cabo de 15 minutos ya no jadeo tan fuerte, mi pulso se ha estabilizado, mis músculos se han calentado y me invade una sensación de ligereza. Simplemente disfruto del movimiento, del esfuerzo y de la brisa en la cara.

Entonces sucede.

Se mezclan los pensamientos inconscientes y los voluntarios. Realizo una actividad de 5s en toda regla.

1ª S. Orden. Clasifico mis pensamientos y los acontecimientos de la mañana. Decido que vale y que no vale. Que mantengo en mi cabeza y que no merece la pena que ocupe espacio en mi memoria RAM personal.

2ª S. Organización. Pongo cada cosa en su sitio y le doy una categoría. Dentro de los pensamientos que sí valen, dejo los importantes en el escritorio, al alcance de un clic mental. Algunos los guardo en el disco duro, por si tengo que echar mano de ellos en algún momento. Otros, los que no valen, van directamente a la papelera de reciclaje, no debo dedicarles tiempo ni recursos. Algunos incluso los marco como “spam”, estos no deseo volverlos a ver.

3ª S. Limpieza. Realizo una autentica limpieza emocional. Elimino todos las emociones y pensamientos negativos y dejo solo los positivos. Esto hace que me sienta mucho mejor. Para esta tarea recibo la ayuda de las famosas hormonas endorfinas y dopamina. Sin que tenga que hacer nada ellas trabajan en los centros del dolor y del placer de mi cerebro causándome una placentera sensación de bienestar. Por esto, siempre al quitarme las zapatillas me digo “patapam! Como nuevo!”.

4ª S. Estandarización y mantenimiento. El simple hecho de reflexionar sin prisas hace que las decisiones y los pensamientos correctos se refuercen, estableciendo sinapsis más robustas y procesos mentales más sólidos. Paralelamente con las otras tareas, y casi sin quererlo ni buscarlo, aparecen soluciones a problemas actuales, nuevas ideas creativas que arreglan contratiempos. Pura creatividad que conecta ideas y aporta nuevas perspectivas y opciones. De pronto me digo, “¿cómo no se te había ocurrido antes? Eureka!”.

5ª S. Disciplina y hábito. Finalmente priorizo. Sí, priorizo y planifico, esto tan difícil de hacer inundado de papeles y mails en la oficina. Es brutal como te aclaran la mente 10 kilómetros de trote suave. Decido lo más importante, lo primero, lo segundo, etc. Lo anoto por orden y bien visible en mi agenda mental donde aparece como prioridad volver mañana.

Finalmente han sido 9 kilómetros de running. Pura mejora continua mental. Lo siento por el nombre, quizás no es muy acertado, pero internamente yo le llamo lean running. También podríamos llamarlo «trote para aclarar la mente».

Me digo “mañana más y mejor”.

 

Marc Pujol

Responsable de factor Humano de Amtté

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